Manejo del Sustrato Dentario: ¿Somos realmente conservadores?

Por décadas nuestro trabajo ha sido eliminar tejido dentario enfermo y tratar de reemplazarlo por otro. En el pasado se trataba de incrustaciones de piedras preciosas y esculturas de dientes de metal. En el presente, la imitación exacta de color y forma de la pieza dental.

Aunque ha sido un largo camino de pruebas, avances y prácticas dentales, debemos saber que el tejido dentario es irremplazable.

Este tejido viene acompañándonos desde la etapa embrionaria de nuestra gestación y aunque las prácticas son cada vez más precisas, aún en el año 2024 es imposible imitar el tejido original.

Por ende, creo que la responsabilidad en primer lugar, debiese ser cuidar el tejido dentario y mantenerlo; porque somos quienes mejor sabemos que nada será mejor que nuestros propios dientes.

Sobre esto, también es justo precisar la alta expectativa de la población en relación a tener dientes perfectamente blancos, alineados, con una forma y tamaño determinado por la sociedad. Pero de esto profundizaremos en otra oportunidad.

Y la gran pregunta es: ¿Qué debemos hacer ante esta ola de necesidades de una cultura dispuesta a hacerlo a cualquier precio y muchas veces sin entender las consecuencias posteriores?

Como antecedente en el año 2000 nace un nuevo concepto en odontología OMI, Odontología Mínimamente Invasiva, y en el año 2002, la World Dental Federation (FDI), hace su primera declaración de política de OMI como un concepto para el tratamiento de la caries dental cuyo propósito es mantener vivo el tejido dental sano y remineralizar, a fin de conservar los dientes hasta una edad avanzada.

Junto con ello, además de decirnos que no debemos cortar sustrato dentario innecesariamente, nos hace tener una responsabilidad muy grande en cuanto a ética, conocimientos, actualizaciones constantes y lectura complementaria actualizada para siempre tratar de conservar el sustrato.

Para estar a la altura de este tremendo desafío, les comparto algunos principios básicos que me parecen necesarios e inquebrantables:

1.-Hacer un diagnóstico precoz de caries dentales que, además, sea determinante en decisiones posteriores preventivas, tales como riesgo cariogénico, posición dentaria, oclusión, tamaño dentario, entre otras.

2.-Siempre indicar y hacer tratamientos de remineralización. Educación continua de nuestros pacientes en pro de prevenir y cuidar su salud oral.

3.-Hacer hincapié en el control periódico al odontólogo competente en mantención de la salud oral. No sirve acudir a especialistas periódicamente que no vean la salud general de la cavidad oral (ejemplo: pacientes que mensualmente acuden al ortodoncista, no deben olvidar su control cada 6 meses con el dentista general).

4.-Hacer intervenciones de tamaño adecuado y de acuerdo a la lesión cariosa, que comprometa lo menos posible a la pieza dentaria; tratando siempre que nuestro tratamiento pueda después reemplazarse por otro. Por ejemplo: si la pieza dentaria está desvitalizada debemos hacer una restauración indirecta, evitemos la prótesis fija singular o corona como primera alternativa, quizás aún tenemos suficiente remanente tejido dentario como para hacer una incrustación tipo Inlays.

5.-Mantener un concepto de rehabilitación de la pieza dentaria más que hacer una restauración tipo “parche”, manteniendo siempre la integridad de la pieza cómo un todo. El concepto diente parchado debe ser sustituido por diente rehabilitado, es decir, no debe tener menores capacidades  de resistencia, flexibilidad y oclusión que las debería tener originalmente.

No debemos olvidar que la esperanza de vida ha ido aumentado paulatinamente, por ello, y a modo de conclusión, creo que nuestro deber es proyectar nuestros diagnósticos y ayudar a nuestros pacientes a disfrutar de una vida adulta con una dentadura lo más natural, sana y estéticamente posible.

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